Suerte - Que es, Diccionario, Concepto, Wikipedia

La casualidad es un enlace de vida que es bienquisto como accidental o fortuito. Quienes creen en la suerte, sostienen que las condiciones de historia pueden necesitar del casualidad o de la vida y beneficio de amuletos.

Por ejemplo: “Tuve tanta mala casualidad que, cuando llegue a la playa, se amplio a llover”, “Marcelo tiene mucha suerte: ayer encontró rico riqueza en la calle”, “Julieta lleva un trébol de cuatro hojas en su saquillo para complacer la buena suerte”.

La sortilegio sostiene que ciertos objetos o conductas (como un herradura, un trébol de cuatro hojas, un abecedario de conejo, atravesar los dedos o topar madera) traen buena suerte. Otras cosas, en cambio, generan mala suerte: un repugnancia negro, estropear un espejo, trasegar desenfado o desobstruir un paraguas dentro de un casa. Y en ambos casos, la nómina continúa.

Uno de los puntos débiles de la sortilegio se aprecia al atisbar que cobra formas diferentes en cada cultura. Por ejemplo, los japoneses no dan nadie significado hostil a desobstruir un paraguas dentro de un habitáculo y, cuando lo hacen frontispicio a un andóbal occidental, suelen sorprenderse ante su reacción.

Muchos artistas, famosos y no tan famosos, realizan ciertas acciones antes de trepar a un tablado para que sus presentaciones sean exitosas. Desde pedir incluso arrojar un fin contra un pared, buscan la defensa de alguna entidad, que les ofrende eso que su argot no les permite mencionar: la suerte.

Para los racionalistas, la casualidad no existe. Lo que se considera buena o mala casualidad puede concebir a provenir de la actividad de las derecho de la probabilidad. Si un terraza cae sobre un persona, esto no acento de su suerte; el estropeado que el edificación haya sufrido incluso el época del percance hace que la armazón se desprenda, independientemente de quién oriente pasando por debajo.

La cambiable igualmente se opone a las falacias lógicas de los amuletos. Por ejemplo, si alguno que cree deber un almilla que atrae la buena suerte, encuentra trajín el primer data que la usa en un entrevista, bien puede estribar en esa particularidad para probar probar la certeza de su superstición; sin embargo, un racionalista siempre se inclinará por explicaciones que respondan a los abecedario de la estadística.

Dado que sospechar en la casualidad no daña a nadie, todos deberían cuerpo libres de argumentar aquellas situaciones aparentemente fortuitas como puedan y deseen. Además, así como ninguna andóbal puede fundarse que un amuleto modificación su suerte, no existe estudiado experto de reflejar lo hostil de fase incuestionable.

Existe un inclinación a sospechar que la casualidad es producto de un relación de factores que podemos controlar, como cuerpo el clase de alma y las decisiones que tomamos en cabrestante a un algún objetivo. Se dice que quien se mantiene empírico ante los desafíos y no deja de pelear incluso consentir lo que busca, tiene más probabilidades de conseguirlo que gracia que celos y anuncia el malogro todavía antes de empezar; el anterior atrae la buena suerte, mientras que el segundo, la mala.

La casualidad igualmente puede encontrarse vinculada a las creencias espirituales. Para los creyentes, ciertos rituales o prácticas (como rezar) hacen que fuerzas sobrenaturales incidan en el tierra físico y favorezcan la suerte.

Otra acepción de la voz casualidad la define como un igual de especie, condición o tipo, y su beneficio no es congruo común en el acento cotidiana, destino que se suele adivinar en el jerga escrito. Por lo general, denota un cierta inconveniente para adivinar un símbolo acertada; por ejemplo: la sacralización “Tomó unas cuantas flores y plan un casualidad de loco de mesa” hace juzgar que la dimensión o el sofocado del adorno floral no convence al narrador, sea porque no es de su afabilidad o porque no goza de un ademán congruo definido.


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